| Unidad de Alzheimer de Santa Rita |
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| 25-10-2006 | |
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"Olvidé mi nombre" ¡Ayúdame por favor! Todos hacemos las cosas por alguna motivación, aunque no siempre se diga o se sepa. A veces puede ocurrir que concurren varias motivaciones sobre un mismo asunto y que refuerzan la decisión que podamos tomar en un sentido u otro. Dios se vale de los detalles más insignificantes para provocar una buena Idea, porque estoy convencido de que todas las buenas ideas, como todo lo bueno que tengamos o hagamos nosotros procede de Dios. Dios no suelta la batuta, aunque alguna vez creamos que somos nosotros los que dirigimos la orquesta. A Dios no le Importa que le quitemos la autoría, simplemente sonríe, como cuando un hijo copia algo que hizo su padre, y lo muestra como hecho por él. Cuando un día me preguntaron, por qué decidí hacer el hogar Santa Rita I, siempre he contestado. Que fue el impacto tan fuerte que me produjo el suicidio de doña Juana en Las Dehesas, con la que yo bromeaba muchas veces, para quitarle un poco la tristeza que sentía por su soledad. Nunca creí que se tirara a un estanque para ahogarse y me dije a mí mismo: "tengo que hacer algo para aliviar la soledad de tantos ancianos", que viven en condiciones similares a la de doña Juana.
Y Ahora ¿Por qué nos metemos en esta enorme obra del alzheimer, sin tener recursos para financiarla? Me impactó tremendamente la noticia de que, don Adolfo Suárez, antiguo Presidente del Gobierno de España, padece esta enfermedad. Recuerdo que hace unos 26 años, estuvo en el Puerto de la Cruz, y un sábado decidió trasladarse a nuestro bonito pueblo de Punta Brava, en manga de camisa, pues, sería verano, y allí, mezclado entre la gente, sin previo aviso, gozó la Santa Misa, como un feligrés más. Luego fue a la Sacristía a saludarnos personalmente con una sencillez desconcertante, por eso de que era "el Presidente del Gobierno de España", y verlo ahora con la enfermedad de Alzheimer. Ciertamente es muy fuerte. Otro gran amigo y familiar mío, don Manuel Mesa: con el que tantas horas compartí, y que era tan querido por mi madre. ¡Cuántas veces lo ví yo en mi casa! él tenía la cualidad de hacer muchas letras para las canciones de las murgas. Como mi madre, era muy chistoso y venía a contarle siempre el "último chiste'. Mi madre reía a carcajadas. ¡Cuánto se querían! Cada vez que venía de misiones iba a verle a su casa. Esta familia por el roce o por amistad o por lo que sea, era como de mi casa. Es horrible verlo ahora azotado por esta enfermedad. ¡Cuánto me quería también mi tía Lucía, su madre! Cuántos campamentos, cuántas marchas, cuántos ratos hermosos pasados en el Frente de Juventudes. Él era jefe de centuria y yo pequeño jefe de escuadra. Qué cantidad de recursos tenía Manuel cuando dirigía un campamento para que nosotros los demás lo pasáramos bien, bajo una disciplina y las famosas consignas. Esta es parte de mi vida. Cuántos la ocultan por el temor a la "política". Uno ha de decir la verdad. El Frente de Juventudes era lo mejor que teníamos los niños, especialmente los jóvenes en aquellos tiempos, junto con la "Acción Católica". Ahora al verlo con el Alzheimer afloran a mi mente recuerdos hermosísimos que marcaron mi niñez y me estremecen. Siento ganas de llorar de impotencia, en silencio. Además de familia era un amigo. Siempre me llamaba cariñosamente, "Antonillo". Otro motivo que me anima a realizar esta obra es ver también afectado con el Alzheimer a don Ezequiel de León Domínguez, actualmente residente en Santa Rita II. Yo lo conocí cuando estudiaba dibujo en la academia que dirigía don José Perdigón. Yo era un chiquillo y él era un joven. Yo admiraba su extraordinaria cualidad como escultor, además de dibujante. Al principio me ayudaba a hacer los primeros trazos para que el maestro Perdigón, me diera modelos más avanzados, en lugar de tanto plátano, peras, etc. luego yo estudié dibujo técnico o dibujo lineal, como se decía en aquel entonces. Ya siendo sacerdote, le encargué varias imágenes, entre otras el Cristo de la Agonía de Punta Brava, y la Virgen del Valle en el Rincón y muchos encargos que nunca se hicieron. Es para mí uno de los mejores escultores de todos los tiempos que ha tenido Canarias. La historia lo dirá. Muchas veces bromeábamos porque su madre fue la primera novia de mi padre y gracias a que se pelearon existimos él y yo. Es duro ver que aún todavía joven nos quedamos sin escultor. Fuimos siempre grandes amigos. Es otra víctima del Alzheimer. Otros amigos como Jesús Escobar, don Fernando Rajas, doña Conchita Mederos, don Pablo Luis Perdigón y más de doscientas personas que residen en nuestros hogares Santa Rita, que sufren esta enfermedad tan desagradable, porque ataca a la persona en su parte más digna: su inteligencia y su libertad. También me anima el apoyo de tantos amigos que espontáneamente han dado su nombre para constituir la nueva Fundación especialmente dedicada a los enfermos del Alzheimer. Hay que destacar el apoyo y el "golpe en la espalda", que me ha dado el Señor notario que ha levantado Acta de la Constitución de esta Fundación, mi gran amigo, don Marcos Guimerá. Dolorosamente también su santa madre ha retornado a los brazos del Padre Dios hace ya unos años por causa del Alzheimer. Dennos ideas, sugerencias. A nosotros ya nos conocen y conocen nuestra trayectoria. Somos una Fundación benéfico-asistencial sin reparto de beneficios, que nos une y anima solamente nuestro afán de hacer bien a los demás. Conscientes de que por este planeta Tierra sólo se pasa una vez, lo lógico es que pasemos haciendo el bien y colaborando con el Creador, para construir un mundo más habitable, más humano, donde reine, por encima de todo, la solidaridad y la fraternidad. No pretendemos en modo alguno, acabar con el problema. Sería de Iluso. Solamente vemos, dentro de lo normal, que justamente en una residencia de ancianos de las dimensiones de la nuestra, queramos construir una especialidad concreta dentro de las demencias como complemento, a lo que ya tenemos en cuanto a geriatría se refiere. Queremos sencillamente aprovechar los recursos que ya tenemos y la infraestructura existente para dar un servicio más completo a nuestros Mayores, sin tener que trasladarse a otro centro, ya que tenemos terreno suficiente y es cuestión de organizarnos y aprovechar la ilusión, las ganas de hacer algo digno y grande por estos enfermos. Son numerosas las personas que ya se han apuntado para hacer posible este alucinante y hermoso proyecto, ya como socio fundador o numerarlo, ya como socio protector, o como benefactor. Ya hemos arrancado el motor del barco y vamos a comenzar el viaje. Aún está a tiempo de subirse también usted al barco para comenzar la travesía, con un objetivo concreto, en un plazo de dos años, máximo de tres, inaugurar e fantástica obra dedicada al Alzheimer. ALZHEIMER
Su esposo, Enrique III de Inglaterra, falleció en el año 1272. Ya, viuda, le sucedió en el trono su hijo, Eduardo l y 4 años más tarde, en el año 1276, se retiró al monasterio benedictino de Amesbury, a dedicarse de lleno a la Santidad, viviendo, sin ningún cargo, la vida sencilla de una monja benedictina. Don Ramón de Berenguer IV tuvo la suerte de que 4 de sus hijas llegaran a ser reinas: Leonor, Reina de Inglaterra, (nuestra Santa). Margarita, Reina de Francia, esposa de San Luis, Rey de Francia. Sandra, Reina de los Romanos y Beatriz, Reina de Angiu. He aquí una pequeña semblanza de su vida: Tuvo la gran suerte de vivir en un ambiente muy religioso, con sus piadosos padres, don Ramón Berenger y doña Beatriz de Saboya. Es contemporánea de grandes Santos, como San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, San Antonio de Padua, San Luis Rey de Francia, Santa Clara, Santa Inés de Asís, San Femando III el Santo, entre otros. Ya casada con Enrique III, tiene que sufrir las vicisitudes del reinado. Destronan a su esposo como Rey y tiene que exiliarse en Francia con su hijo Eduardo, heredero del trono, junto a su hermana, la Reina Margarita. Esta convence a su esposo San Luis IX, Rey de Francia para que apoye a su sobrino Eduardo con un ejército y así reconquistar el poder y conseguir la libertad para su padre Enrique III, que está encarcelado. Así, Santa Leonor, vuelve a Inglaterra acompañada de un legado pontificio y devuelven la corona perdida a su esposo, Enrique III. A los pocos años, en 1272, fallece Enrique III y sube al trono de Inglaterra su hijo Eduardo I. Pasados cuatro años, en 1276, Leonor decide retirarse de la vida de las cortes y recogerse como viuda en calidad de una sencilla monja, en el monasterio de la Abadía benedictina de Amesbury. Pidió, por favor, que no le pusieran ningún cargo, ni tuvieran distinción alguna con ella, por su condición de Reina de Inglaterra. Quiso, en todo momento, pasar desapercibida, aceptando los oficios más humildes de la comunidad y así cumplir estrictamente, sin ninguna excepción, las sabias reglas de San Benito. Mujer, a la vez, enérgica y piadosa, admirada por su esposo y sus hijos y, ahora, por las religiosas del convento, que no les cabía en la cabeza, tanta humildad, en alguien que fue tan destacada en la Sociedad, viviendo ahora una vida sencilla, sin ningún privilegio. Al contrario, se había propuesto, por encima de todo, obedecer y obedecer, después de tantos años mandando. Era especialmente devota del Santísimo Sacramento, que recibía con un fervor extraordinario. No quería visitas ni de familiares, ni de amigos, para no distraer su vida dé oración y recogimiento. Cuenta ella, que le parecía mentira haberse visto libre de las responsabilidades y de los miles de problemas y enredos de las cortes, donde había tantas intrigas, tanta envidia, tantas ansias de poder. Ahora encerrada tras las pitadas de un convento, podía gozar de la paz que se respira detrás de estos muros y pasarse horas y horas en contemplación ante el Sagrario. Tenía sesenta años cuando contrajo una enfermedad en la garganta, que no le dejaba tragar nada, y hasta quedó privada del uso de la palabra. Llorando ante el Sagrario, le pedía al Señor que le curara, para poder, al menos, recibir el Santo Sacramento de la Eucaristía. Se cuenta que, estando un día en la enfermería del convento, cuando el sacerdote le llevaba la comunión a una compañera enferma sintió tan grandes deseos de comulgar que instantáneamente se curó de la garganta y pudo también ella comulgar y quedarse curada prodigiosamente para siempre. Tuvo diferentes visiones del Cielo y las religiosas la vieron, más de una vez, elevada hasta la altura del Cristo colgado encima del altar mayor, absorta en contemplación. Destacó por su humildad, por su encantadora sencillez, por una exquisita delicadeza en sus modales, por su finura de reina, obediencia ciega a sus superiores y una dulzura celestial en el habla, acompañada de una bonita sonrisa. Las religiosas que le escuchaban, quedaban, como envueltas en una nube celestial, cautivadas por tanta mansedumbre en un carácter enérgico y de una personalidad tan definida. Se pasaba largas horas en oración, lo que le permitía su tiempo libre, y siempre frente al Sagrario, donde, decía ella, estaba prisionero su gran amor. Siempre pidió, que, por favor, le trataran como la menos importante de todas las religiosas y que jamás tuvieran en cuenta su antigua condición de Reina de Inglaterra. Que nunca más le recordaran su pasado. Ya casi al final de su vida, animaba a sus hermanas religiosas a ser fieles a las santas reglas de San Benito que tantos Santos habían fabricado y la paz tan grande que Ella misma sentía en el cumplimiento estricto de las mismas. ¡Qué paz se siente cuando se cumple con el deber, decía convencida! Un día, en pleno éxtasis, exclamó ante las religiosas: "qué gozo tan grande siento. Estoy viendo a mi Señor con una gran guirnalda de rosas, para colocármela a mi llegada al Paraíso. Soy feliz. Ya se acerca mi Señor a recibirme" y con los ojos fijos en el crucifijo que tenía en sus manos, marchó a vivir eternamente al País de la Vida. Tenía 70 años. Corría el año del Señor de 1292. Son precisamente estos últimos años de su vida los que acabaron moldeando a la futura Santa, dejando a toda la humanidad un ejemplo encantador de humildad y de sencillez, después de haber vivido una vida tan complicada en las cortes. Allí, en el silencio del convento, aprendió a valorar la vida espiritual que un día vivió de pequeña con sus padres y que descuidó un tanto por los deberes de estado, en unos tiempos difíciles para la Corona Inglesa, como ya se ha dicho. También influyó en ella, las tantas conversaciones tenidas con su cuñado San Luis Rey de Francia y lo que se oía de la vida de esos grandes gigantes de la santidad en la edad media, San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, San Antonio de Padua, Santa Clara y su consuegro, San Femando III el Santo. Por supuesto, la parte más hermosa y atractiva de Santa Leonor, fue sin duda sus años en el monasterio, viviendo como una simple monja benedictina, sin títulos, sin honores humanos. Todo esto puede llegar a ser "vanidad de vanidades". Al cabo de unos años de haber retomado a la Casa del Padre Dios, cuando el obispo mandó desenterrar a la Santa para ponerla en una urna debajo del altar, su cuerpo desprendía un olor suavísimo, superior a todos los perfumes que se conocen en el Mundo. Fue precisamente el Papa Bonifacio VIII, en el año 1297 quien la canonizó y la colocó en el catálogo de los 'Santos, juntamente con su cuñado, el Gran San Luis Rey de Francia, primo hermano de San Femando III el Santo de España. Tenía como mucha prisa para poder recuperar el tiempo que creía perdido en medio de las cortes, donde educó, personalmente, a todos sus hijos. Así transcurrió su vida, dejando a sus compañeras religiosas una obra llena de sinceridad y humildad y de un amor, fuera de lo común, al Santísimo Sacramento. Siempre conservó la exquisita educación humana y religiosa recibida de sus piadosos padres. Que Santa Leonor y Santa Rita, nuestras dos protectoras viudas nos echen una mano.
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Alzheimer
Para la edificación del hogar Santa Rita II, fue clave la donación que nos hizo don Óscar Pérez Regalado, para que compráramos un terreno donde hacer algo bonito y con jardines para los Mayores, ya que Santa Rita I, donde él residía, no tenía esa posibilidad.
Santa Leonor, Reina de Inglaterra. Se celebra su fiesta el 22 de febrero Nació en la localidad francesa de Aix en Provence en el año del Señor, 1222. Es la segunda hija de Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, Príncipe de Aragón y Marqués de Provenza. Es cuñada de San Luis IX, Rey de Francia, que se casó con su hermana Margarita. A la edad de 14 años se casó con Enrique III de Inglaterra en la Catedral de Canterbury, el 14 de enero de 1236. Su madre es Beatriz de Saboya. De su matrimonio Dios le dio 9 hijos. Cinco de ellos: Ricardo, Juan, Catalina, Guillermo y Enrique murieron antes de los 10 años. De los otros cuatro, dos fueron Reyes. Eduardo I de Inglaterra, que sucedió en el trono a su padre, Enrique III. Se casó con Leonor de Castilla, hija de San Femando III El Santo, que es primo hermano de San Luis IX Rey de Francia; Margarita, Reina de Escocia y su hijo Edmundo que ostentó varios condados, conde de Leicester, de Derby, de Chester y de Lancaster y propuesto por el Papa para rey de Sicilia.